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Manifiesto

TORTURAS DEL SIGLO XXI

 

CRÓNICA DE UN LINCHAMIENTO ANUNCIADO

 

Desearíamos que nuestro testimonio alertara a las víctimas del mobbing inmobiliario mediante la electrónica.

En marzo de 1.996 interpusimos una denuncia en Telecomunicaciones por las continuas interferencias que sufríamos en la radio en la que a veces se oían una voces siniestras y amenazantes mencionando nuestro nombre; también las incidencias en la televisión eran constantes, especialmente cuando aparecían escenas de violencia: crímenes, vejaciones a mujeres y niños… Optamos por escuchar la TV con cascos. ¡Poco duró la estrategia! A veces, el sonido de los auriculares se interrumpía otras aumentaba hasta hacerse ensordecedor. La línea del teléfono a veces se cortaba durante horas y el fax transmitía sonidos extraños y emisoras de radio.

Las anomalías en la red eléctrica nos tenían en vilo: explotaban las bombillas, la luz oscilaba cuando entrabas en una estancia, los interruptores se quemaban al accionarlos…; las alteraciones en la red dañaban los electrodomésticos: la tarjeta electrónica de la nevera se estropeaba al menos 2 veces al año al igual que el motor de la lavadora; este último electrodoméstico quizás se debía a que nos cortaban el agua cuando estaba en marcha o cuando estábamos aseándonos.

Un detective no consiguió determinar la causa de esos fenómenos, pero aconsejó cerrar la caja de pares del teléfono. La medida de seguridad se propuso en una junta de vecinos, pero uno de los presentes comentó que era una chorrada alegando que hoy en día mediante un ordenador resulta fácil entrar en un piso y sabotearlo.

En la Europa del este, la prensa publica a menudo casos de personas que sufren el acoso con armas de alta tecnología por ello mucha gente amenazada toma medidas de protección para evitar el mobbing o porque los ataques tienen un objetivo letal.

Nadie es indemne de topar con un perturbado, un psicópata, alguien  sin escrúpulos que con conocimientos de electrónica y contactos con organizaciones terroristas decide causar perjuicios serios a su oponente.

 

La denuncia fue efectiva en 2.003, pero la falta de pruebas propició el sobreseimiento libre. La inspección policial en el domicilio del agresor no consiguió encontrar elementos incriminatorios por  desconocer  esta nueva modalidad de terrorismo.

Se advirtió a los vecinos de la comunidad de las agresiones con ondas electromagnéticas a fin de investigar si en los otros pisos se producían los mismos fenómenos. Lo único que conseguimos es alertar al agresor que consiguió predisponer a la comunidad (3 propietarios) en nuestra contra, consiguiendo que creyeran que éramos quien originaba el repertorio de sonidos que se oían por las noches. Y, a partir de entonces las agresiones con ondas electromagnéticas llegaron a ser una tortura insufrible.

Las víctimas expresan su agradecimiento a los Ingenieros de telecomunicaciones Rusos que les informaron de como protegersey no se aprovecharon de la total indefensión y desespero que sufrían para pedirles cantidades desorbitadas.

Los agresores actúan muy sibilinamente y cambian las frecuencias o disminuyen la potencia para que no les detecten; la investigación resulta ardua porque mediante micrófonos, teléfonos pinchados y radares detectan quien hay en la casa y donde está. Al fin las víctimas tras muchos sufrimientos, angustia, tiempo y dinero, consiguieron pruebas fidedignas de mediciones presenciales con aparatos homologados, que señalaban el origen de las emisiones.

En el año 2.007 un equipo de medición investigó la red eléctrica durante un mes determinando que el campo eléctrico de nuestra vivienda alcanzaba valores de un 300%, cuando lo permisible está sobre el 15%.

Gracias a la cooperación de varios ingenieros electrónicos y de telecomunicaciones descubrimos que a nuestra vivienda llegaban durante las 24 horas emisiones de sonidos de baja frecuencia, es decir infra-sonidos. Para el profano advertimos que dichos sonidos son extremadamente peligrosos porque mantienen al organismo en jaque.

La primera impresión es un crujido del tabique nasal en la zona superior y seguidamente sobreviene una presión intracraneal, muy evidente en la parte central del encéfalo que disminuye al apoyar la palma de la mano sobre el vértex. Las vibraciones llegan a cualquier órgano y alertan al sistema inmunológico hasta debilitarlo: gripes que se eternizan, inflamaciones desproporcionadas, dolores erráticos, cansancio y tristeza que se agudiza al comprobar que los agresores transgreden impunemente los derechos humanos más fundamentales.

Durante el día las emisiones eran más espaciadas y menos efectivas, aunque impedían cualquier trabajo intelectual. A la hora de acostarnos los infrasonidos se tornaban insufribles: las oleadas se sucedían a lo largo de la noche, duraban unos 10 segundos causando hiperexcitación neuronal y la imposibilidad de conciliar el sueño o despertares intempestivos.

En mayo de 2.007 intentamos reabrir el proceso, esta vez con pruebas contundentes (14 informes) pero no fue posible. Entonces, la venganza de los agresores les movió a agredirnos hasta lo humanamente insoportable: la tortura se plasma en los informes de mediciones.

Los denunciantes lo único que han conseguido es el  reconocimiento de la Conselleria de Medi Ambient,  que ha  considerado  un deber cívico la denuncia de hechos que afectan a la seguridad ciudadana asegurando que se creado una Unidad Policial eminentemente científica que tiene por objeto investigar y aclarar los delitos basados en la utilización de armas de “nueva tecnología”, no ha evitado que las victimas sufran continuas represalias, que en venganza ha tomado el agresor.

Haber denunciado esta nueva modalidad de acoso doméstico ha tenido consecuencias nefastas para esta familia que a pesar de haberse mudado a vivir a otra parte sigue siendo agredida con radiaciones (VER EN EL MENU PRINCIPAL: ADS RAYO DEL DOLOR Y "ARMAS NO LETALES QUE MATAN").  La venganza se ha plasmado en nuevos informes de mediciones realizados por expertos en contramedidas y que confirman que las víctimas continúan recibiendo emisiones de microondas muy directivas, que invaden un edificio.